Vietnam y Camboya, Espisodio 7: Cambio de aires

Vietnam y Camboya, Espisodio 7: Cambio de aires

En episodios anteriores…

sssshhhuummm

-“No lo hagas Bayu, es una serpiente!”

shhhhhhhuuummm

“¿vamos a entrar ahí?”

Sssshhummmmmmm

“ese mono me ha tirado un hueso de mango!”

Sssssshhummm

“está lleno de mosquitos! Y todos portan la malaria! Yy…. Yyy -.. y el dengue!! Y el cáncer!”

Sssshhhuummm”

“Mis gafas, dónde están mis gafas??!!”

Ticlintin.tinclintin… (piano dramático)

Amanece en Hue. No huele a Napalm, pero sí a gambas fritas y a pollo gonpao. No huele a victoria.

Parecía un día más en Vietnam, pero no podíamos imaginar cómo iba a acabar, de una manera absolutamente inesperada para tratarse de uno de nuestros viajes. A la una teníamos el bus a Hoi An, contratado de malas maneras en una agencia local, por lo que no podíamos esperar mucho del bus. Así que teníamos la mañana para visitar la fortaleza de Hue, una serie de edificaciones, teatros y templos fortificados que habían sufrido bastante durante la guerra. Hue, Hoi An y Danang están en el centro de Vietnam, que fue una de las zonas más castigadas, ya que es por donde se dividía el país entre la comunista Vietnam del norte y la… pérfida Vietnam del sur, así que era donde había que contener a los malditos rojos, que tanto amenazaban la paz mundial y blablablá (preguntad a los yanquis, que fue su estúpida guerra); dejo para otro episodio la breve historia de la guerra de Vietnam, para todos aquellos a los que oyen campanas pero no saben dónde, que es lo que nos suele pasar a los que nos pilló tan lejos en distancia y tiempo.

templo-ruina-fortaleza

El caso es que bajo un calor absolutamente abrasador y aplatanante emprendimos la marcha por el templo-ruinas-fortaleza, que sin una guía apropiada no nos dijo demasiado, salvo que había sido un importante centro de resistencia hasta que los kilotones lo hicieron pedazos.

No dio mucho de sí, y no llegamos a comprender porque en el complejo había por ejemplo, un super teatro magníficamente bien conservado. Probablemente este sitio fue un señor palacio en otro tiempo, antes de que lloviera fuego. Pero a quién diablos le importaba, con aquel calor. Sólo queríamos sombra, y agua.

también había algunos tanques y helicópteros, por qué no?

Así que poco antes de la una volvimos al hotel para esperar al bus, que como no podía ser de otra manera llegó más de media hora tarde, haciéndonos dudar más de una vez si se había ido sin nosotros (algo que después veríamos que era bastante plausible: al visitar el Mehkong el bus en el que íbamos dejó en tierra a varias personas por no presentarse a la hora, como si ellos tuvieran algo de puntualidad…)

Cuando por fin llegó yo estaba pensando, bueno, al menos en el autobús tendremos aire acondicionado (como en todos los que habíamos cogido hasta ahora) y soportaremos este calor infernal. Ingenuo de mí. Al ver las ventanillas correderas abiertas, los rostros sudados y desencajados, y el ridículo miniventilador que tenía el jefe del conductor entendimos lo que nos esperaba. Por supuesto, nos tocaron los peores asientos. Detrás, encima del motor, sin apenas sitio para encajar las rodillas y sin poder meter nada en las bandejas superiores, éramos los últimos en montar.

quien hubiera pillado este avión...

Para cuando llegamos a Danang, a medio camino, el cielo se había cubierto y amenazaba con llover, por lo que al menos el calor se aplacó ligeramente.

A las cinco llegamos a Hoi An y salimos de aquel bus que olía a cuadra. Estábamos en Hoi An y la cosa cambiaba. El spa nos esperaba, la spanish  scum llegaba!

Hoi An parecía otro país. Calles ordenadas, tráfico regulado, respetuoso. No se tocaban la bocina, iban por su carril. Poca contaminación. Al bajar cogimos un taxi, con nuestro habitual descrédito hacia el colectivo, para acercarnos al Little Hoi An Boutique and Spa, el mejor de todos los hoteles que habíamos reservado en Vietnam.  Un hotel de un lujo relativo, con spa, playa privada (esto estaba por comprobar…), y muy cerquita del centro del pueblo. Y todo ello por un puñado de dólares. Pero al llegar, la amable Lisa nos contó lo que pasaba: habían hecho mal la reserva y nos habían cogido dos camas de matrimonio, cuando claramente pedimos una doble y una de matrimonio. Era imperdonable (según ellos), así que sintiéndolo muchísimo nos  hicieron pasar esa noche en otro hotel de la cadena, que estaba más lejos… Lamentable incidente. Imperdonable. Eso sí, el hotel al que íbamos tenía 5 estrellas, era completamente nuevo, de absoluto lujo, y además nos regalaron un masaje a cada uno, así como los desplazamientos a la playa privada. Aun así, Car-long puso mala cara para ver si rascaba algo. No rascamos nada más, pero el trato del personal del hotel fue siempre exquisito, como si nos debieran algo. Así que nos llevaron al super hotel, que en realidad estaba a 5 minutos andando del primero, y nos acomodaron en unas buenas habitaciones. 30 segundos después estábamos a remojo en la piscina spa.

la pisci en cuestión

Este viaje había tenido sus inconvenientes, como todos, pero no podíamos imaginar que acabaríamos en este resort más propio de República Dominicana que de lo que habíamos podido ver por Vietnam.

fruta dragón en tu habitación!

Así que cuando nuestros dedos parecían ciruelas pasas, por color y por textura, salimos de la épica piscina verde para ducharnos y disfrutar de la noche hoianesa. Que básicamente se traducía en comer bien de una maldita vez. Hoi An definitivamente era otra liga dentro de Vietnam.

Un tranquilo río con barquitas de pescadores lo cruzaba, y a sus lados las orillas se llenaban de restaurantes, comercios y bares con farolillos rojos. En el centro un gran puente peatonal con más farolillos, y bajo él, en el río, una flota de barquitos de papel con velas, que eran un auténtico negocio ya que todos los turistas querían poner su vela. Los viejos edificios estaban bien cuidados, y había uniformidad en los estilos, en la iluminación.

También había un puente cubierto de madera, con vigas talladas con formas de demonios, y budas.  La estampa era única, y daba la sensación de tranquilidad. Por alguna razón todo esto recordaba un poco a las pequeñas ciudades que vimos en Japón unos meses antes.

Tras un paseo rápido y localizar algunas de las míticas tiendas que hacen trajes a medida en 24 horas, nos pusimos a buscar un restaurante y pronto dimos con el Sakura, un restaurante japonés un poco caro, para ser Vietnam, pero muy recomendado en varios sitios. La terraza a la que nos subieron era espectacular sin duda: con vistas a todo el centro, el río y los puentes, tranquila, y con muchos geckos en las paredes devorando mosquitos. La comida que nos trajeron estaba a la altura, especialidades japonesas en modo delicatesen, pero con raciones abundantes. Ahí fue donde descubrimos el origen de todo este oasis en la chabacanería típica de Vietnam: Hoi An fue durante bastante tiempo un asentamiento japonés para el comercio con China. Había habido muchos japoneses viviendo aquí, usando su importante puerto, sus calles y sus conexiones con China. Y se notaba. Todo era tan… japonés…

En el Sakura cenamos muy bien, y después nos dispusimos a dar un garbeo por el un poco hippy centro de Hoi An. Inicialmente vimos una gran barcaza de madera donde habían improvisado un bar al que se entraba por una estrecha pasarela de madera combada digna de las pelis de aventuras. Tenía un gran ambiente y la cerveza era barata pero estaba lleno, y estar de pie en una barca no es lo mismo que en un bar. Así que seguimos nuestro paseo nocturno hasta la otra orilla del río, donde encontramos muchos más garitos propios de turistas, especialmente de turistas muy jóvenes que vienen a desfasar. Vamos que parecía Miami más que Hoi An. Al final encontramos un buen sitio en el que los zumos y las cervezas no eran demasiado caras, y despedimos la noche HoiAnita en el mismo sitio, para hacer buen uso de las primeras camas decentes que teníamos en todo el viaje.

 

 

11 comentarios sobre “Vietnam y Camboya, Espisodio 7: Cambio de aires

    1. jaja, yo creo que fijo en 3. Las otras 2, tal como las pensé, no, pero son interpretables, así que podrías haber estado en las 5 :D

      cuál es la que no te identificas?

          1. Cada vez que hago un viaje pienso en hacer un diario. Pero luego me da una pereza terrible, así que de momento no habrá competencia por mi parte, y si visitas más o menos periódicas.

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