04 Mar

Calabacín en Caledonia, capítulo 7: De vuelta en Edimbur… AL PULMÓN!

Al levantarnos todavía estábamos pensando en las hazañas de Iñigoch de la noche anterior, pero tuvimos que sobreponernos para ir, antes de que fuera demasiado tarde, a hacer cola al castillo de Edimburgo para no comernos la oleada masiva de turistas.

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Nos la comimos de todas formas. Era bastante pronto pero los turistas no defraudan y el castillo estaba hasta los topes. Cuando lo ves desde abajo el castillo parece grande, pero no gigante. Una simple fortificación en una colina. Cuando te dicen que hay que pagar 25 libras por entrar, te buscas el orificio de salida, ya que no es un sablazo, te perforan con una espada bastarda. O eso parece, pero resulta que el castillo es enooooooorme, y bien puedes pasar todo el día viendo salas, mini museos militares, de reyes, aposentos, etc.

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El castillo es pues una visita interesante que nos llevó prácticamente toda la mañana y nos dejamos cosas por ver por puro agotamiento.dscf5937 dscf5938 dscf5940

Agotamiento y calor, hacía muuucho calor.dscf5942 dscf5943

A medio día comimos  un evidente plato de pasta (carbonara, of course) en un restaurante barato que pillamos por el centro donde todos los camareros y demás sabían castellano, y cuando acabamos nos fuimos al marys milk bar, una famosísima heladería en los bajos del castillo, que haciendo honor a su fama, soportaba unas colas de 20 o 25 minutos para comprar un helado.  Al menos estábamos en una de las zonas más céntricas de Edimburgo y había mucho ambiente y teatro callejero.dscf5944 dscf5945

Iñigoch disfrutó con su nuevo helado de la supuestamente mejor heladería de Edimburgo, en la que sí había chocolate (qué gusto volver a la civilización).  Y después nos fuimos a pasear por la vieja ciudad bajo un sol asfixiante. Vimos tiendas de gaitas, tiendas de kilts, tiendas de whisky, y vuelta a empezar, gaita, kilt, whisky. Todo era lo mismo. Hasta que siguiendo por la Royal Mile, llegamos hasta el parlamento escocés, donde estaría el famoso Salmond, independentista de proh, y que curiosamente está situado justo en frente del palacio de Holyroodhouse, de los reyes británicos. Pero bueno después de ver los museos militares del castillo tampoco sorprende mucho que votaran no en el referendum de independencia, hay un rollo de orgullo militar que se intrinca un poco con el servicio a la corona y blablabla, que tampoco da la sensación de un sentimiento mayoritario independiente, por mucha banderita que te pongan. dscf5946

Por la tarde volviendo asfixiados por el calor, hicimos una parada en el primark para comprarnos unas spare-t-shirts, ya que nos habíamos quedado sin ropa limpia, y fuimos a descansar un poco al hostel. Y por la noche llegó el desfile.

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Uno de los grandes highlights del viaje era ir al Military Tattoo, un desfile militar musical en el castillo de Edimburgo, de las famosas marching bands. Algo muy muy anglosajón, en el que de hecho había multitud de miembros de maching bands americanas entre el público (algunas bandas enteras), algo que supimos porque el desfile tiene un animador que media hora antes del espectáculo va saludando a toda la gente del público que por una razón u otra sabe que están allí. El desfile básicamente consiste en bandas de música de ejércitos y otros cuerpos armados que tocan temas clásicos de forma muy muy bien sincronizada con sus movimientos. (Clásicos militares quiero decir, pero ya se sabe la frase de Groucho: la inteligencia militar es a la inteligencia lo que la música militar a la música. Pues eso).dscf5949

El desfile, como todo desfile militar, por muy musical que sea, no aporta gran cosa al espectador, salvo a aquellos que sienten ese orgullo militar del que hablaba antes (uno de ellos se sentaba a mi lado, un señor muy mayor que casi llora). Para todos los demás, añadían florituras de baratillo como hacer acrobacias en una moto o tocar temas de star wars con las gaitas. Sólo faltaban los palitos de luz.

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También invitaban a miembros de otros ejércitos del mundo que hacían el canelo con sus armas y sus tambores. dscf5953 dscf5956

Y no podían faltar los fuegos artificiales, y como este año tocaba visita de Nueva Zelanda, pues qué menos que tocar temas del Señor de los Anillos.dscf5958 dscf5959

Las chicas que bailaban eran lo más alejado de los motivos militares, y por ende, lo  más interesante para el común de los mortales (de los que habíamos pocos, por otra parte)

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Cuando el desfile acabó hacía un frío de mil demonios, pero no pudimos irnos sin despedirnos con otra super pinta, esta vez en un bar random de cerca de nuestro hostel, en el que también los camareros eran españoles.dscf5971

Al día siguiente salimos con calma hacia el aeropuerto, donde había que hacer multitud de compras de whisky y otros items. El viaje a pesar de lo relajado, había terminado siendo cansado.

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Pero había que reponerse, en cuanto aterrizáramos empezarían las fiestas de Bilbao!

04 Mar

Calabacín en Caledonia, capítulo 6: William “puñales” Wallace

Amanecimos en aquel hostel international perdido de la mano de dios y después de un desayuno rápido nos largamos a algún sitio que no estuviera tan incivilizado.  Nuestro destino era el parque natural de Trossachs, un gran complejo de lagos y bosques que ocupan todo el centro de Escocia.

Lo primero que nos sorprendió del parque natural fue la extrema quietud de las aguas de los lagos, que parecían auténticos espejos.  Lo segundo, la ausencia total de turistas. Era un entorno y un paisaje espectacular, con miles de rutas, y hacía un día perfecto. Con todo a favor y miles de turistas dando vueltas por Escocia, ni uno estaba por aquí.

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En cualquier caso, cogimos una de las múltiples rutas que había y nos fuimos a dar un paseo por los lagos.

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Para media mañana fuimos a Loch Lommond, el más famoso de los lagos de esta zona, que además contaba con una playa en la que había miles de chavs almorzando, con familias ingentes de niños gordos y rosas. En este lago había mucha menos paz ya que además de los escoceses rosados había lanchas, motos de agua, y barcos. Era una especie de mini-salou en una sección de 300 metros de playa de un lago en un bosque recóndito.

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Habíamos pensado comer allí, pero el ambiente no era muy acogedor en la playa, y en los merenderos había hordas de familias haciendo parrilladas y llenándolo todo de humo y grasa en suspensión. Así que nos fuimos a Stirling, que era nuestra última parada antes de Edimburgo, conocida por la afamada batalla de William Wallace.

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Hay que decir que Stirling es un pueblo bonito. Está en una colina que domina un enorme valle que es donde probablemente tendría lugar la batalla. Curiosamente en lo alto de la colina había una iglesia y un cementerio. Muy batallil todo.

En la parte baja comimos nuestros bocatas cutreibols de chorizo, mientras teníamos una animada discusión sobre si “creo que sí” es lo mismo que “creo que no”. Yo defendía que si la expresión “creo que sí” se refiere a recordar algo, o sea, equivale a “no me acuerdo exactamente pero me parece que era sí”, es esencialmente lo mismo que decir “creo que no” (obviamente si la expresión se refiere a tener una creencia o una opinión, no se puede establecer esta analogía (“crees que el verde es bonito?””creo que sí”, ahí NO)). Iñigoch decía que ni pa dios era lo mismo. Pero yo tenía razón. :D

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Después de tener la barriga llena nos fuimos a ver las estatuas de Robert The Bruce, auténtico héroe de todas las historias escocesas, que estaba en el centro de Stirling, y posteriormente el über-monumento de William Wallace, que está a tomar por saco y hay que ir en coche. Si bien hay que decir que el monumento es mucho más grande.

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De hecho se ve desde la distancia (desde mucha distancia) y el de Robert no.

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Como había que pagar y somos unos ratas (especialmente yo), no entramos. Tampoco creo que nos perdiéramos gran cosa. En cualquier caso una de las cosas más destacadas son las vistas, ya que este monumento se encuentra en otra colina en frente de la anterior, y proporciona unas vistas excelentes del valle y de la colina principal de Stirling. Como hacía un día fetén pues la gozamos (aunque la subida hasta la torre fue una palicilla bajo el calor de la tarde)

Después de monumentear, nos fuimos hacia Edimburgo, donde nos alojamos en un nuevo hostel international, pero este con gente más normal, y con acceso al wifi y esas cosas que suelen ser básicas. Y tras un refresco y puesta a punto salimos a dar un garbeo por el centro y cenar, acabando en el restaurante de Jaimie Oliver, donde volvimos a cenar pasta carbonara. Increíblemente, habíamos comido 5 días fuera de casa y los 5 habíamos pedido pasta carbonara los tres. Parece que era lo único que Escocia podía ofrecernos. En el de Jaimie Oliver la pasta estaba muy rica.

Después salimos hacia la zona de meneo de Edimburgo, en la que había bastante ambiente ya que era viernes, y nos metimos en un bar irlandés con música en directo y cienes y cienes de estudiantes que estaban dándolo todo. Allí tomamos unas buenas pintas con música en directo e Iñigoch puso en marcha su imparable maquinaria de seducción basada en miradas. Cuando quisimos darnos cuenta, Unaigh y yo estábamos solos en nuestra mesa mirando ojipláticos como Iñigoch estaba muy entretenido con una escocesa de la mesa de al lado.

Nos fuimos a casa mirándonos confundidos, intentando entender cómo sólo con unas miradas Iñigoch, from now on known as “The Fucking Meister”, había… bueno… que a dormir.

 

04 Mar

Sugar Free January: S01E04 Season Finale no-fake one link

Ya estaba tardando en poner el final de mi experimento sin azúcar, que acabó hace casi un mes.
El mes concluyó con un asalto a las barras de chorizo y lomo salmantinos que tenía guardadas desde navidad y que me han durado menos de 15 días. Al día siguiente, y de hecho la semana siguiente entera, comí todos los días macarrones con tomate, el grandísimo ausente de mi mes, y lo único que realmente acabé echando en falta. En cuestión de peso, algo colateral, perdí unos 3 kilos a lo largo del mes, si bien no sé si pueden ser enteramente achacables a quitarme ciertos alimentos o también tiene que ver las palizas que me he dado subiendo muebles a mi casa nueva.
En lo que más me interesaba de todo este asunto, he descubierto algunas cosas:

  • Los días siguientes a terminar el mes, probé un par de cosas muy dulces y me desagradaron bastante. Un mes después ya me he reacostumbrado al azúcar y no hay nada que me parezca desagradablemente dulce. El primer colacao que me tomé no me agradó demasiado, pero  ya he vuelto a tomar colacaos normales (en mi caso normal es 50% colacao, 50% leche) de vez en cuando.
  • He estado este mes posterior prácticamente sin comer pan durante la comida, algo que antes comía compulsivamente mientras esperaba de plato en plato, y que me quité durante el sugar-free. Ahora eso se ha reducido (hasta casi 0 al principio, pero va pasando el tiempo y voy recayendo en comer pan como un tonto, aunque esto voy a intentar contenerme)
  • Me he quitado las palmeras de media mañana definitivamente. No tengo que resistirme a la tentación porque directamente no me apetecen.  También he quitado las chiquilín del desayuno y el azúcar de cualquier tipo de infusión, a las que me he acostumbrado ya au naturel. 
  • En general creo que como un poco mejor que antes del mes sin azúcar, aunque este mes como he compensado un poco el ansia, he comido infinidad de macarrones y chorizo y lomo, así que ha sido un mes un poco gordo.
  • Igual relacionado con lo anterior, he de decir que he recuperado el peso que perdí en el mes sin azúcar, y esto tomando mucha menos azúcar y sin bollería industrial ni galletas… Pero claro he metido grasaza e hidratos por un tubo y tampoco  he hecho mucho ejercicio. Veremos si a partir de ahora la cosa se estabiliza.

En general, me parece que ha sido una buena experiencia y me ha ayudado a quitar algunos vicios tontos como echar azúcar a las infusiones, comer mucho pan para rellenar, o comer una palmera cada día, que es un poco salvaje.  Como era de esperar el tema de perder peso era coyuntural, así que no es una buena manera de perder peso a menos que aspires a mantener esa dieta siempre, lo cual es una locura! siempre sin macarrones con tomate? buf…

 

02 Feb

Sugar Free January: S01E03

Tres semanas, tres, de ausencia de azúcar, y ya lo veo como algo normal. Esta última semana no he tenido ningún ansia viva y de hecho creo que voy a seguir con algunos de los nuevos hábitos cuando acabe el mes. Lo que más echo en falta es comer macarrones con tomate cuando alguien lo pide en un restaurante a los que voy a comer entre semana. Bien es cierto que este fin de semana ha sido muy raro porque he estado de mudanza y no sé si en un fin de semana normal habría sufrido más por el chocolate. Pero gud pint.

Por otra parte, la semana pasada me hicieron análisis de sangre en el curro, (ha cuadrado así, lo cual está muy bien), y he visto que mi nivel de glucosa ha bajado ligeramente (muy ligeramente) respecto al año pasado, y sigue manteniéndose dentro de los niveles correctos. Lo demás lo tengo muy parecido al año pasado, y lo que más ha cambiado ha sido una subida algo más significativa del colesterol bueno (HDL), que siempre he tenido en niveles muy bajos (incluso por debajo del umbral), y una bajada también significativa del colestorl malo (LDL), que si bien siempre lo tengo bastante bajo, pues este año más. Esto se lo achaco directamente a la supresión de las palmeras, que azúcar no sé, pero grasazas tóxicas, todas.

En poco más de una semana acabará mi experimento y pondré peso y resultados generales, así como la experiencia de volver a tomar algo dulce, que por lo que he leído no siempre es satisfactoria.

26 Ene

La Filosofía es la madre de la Cienc… de TODO

Si todos los caminos llevan a Roma, todos los enlaces de Wikipedia llevan a Filosofía!

Enredando por ahí he encontrado esta página en la que eliges un idioma, pones un término en ese idioma, y te dice la ruta de enlaces que llevan al artículo de filosofía. En teoría se puede hacer a mano pinchando el primer enlace que sale en cada caso, pero parece que la definición de “primer enlace” es un poco flexible, ya que a veces coge el primer enlace del texto, a veces el primero en una imagen, a veces el primero que no esté dentro de paréntesis (todos los de desambiguación  y los de etimología suelen quedar fuera).

Aquí pongo unas búsquedas que he hecho yo

 

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Lo más lejos que he encontrado es “John Benjamin Toshack”, que ha tenido que hacer un buen número de saltos (incluyendo “ICBM”!! que a su vez derivaba de “Táctica”!!! [Wow, that escalated quickly!] Para llegar de JB Toshack a Filosofía hay que pasar por misiles balísticos intercontinentales).

Al final todos pasaban por “Ciencia”, que lleva a “Filosofía” con saltos curiosos como “Cuevas de Altamira”. Lo cual me ha hecho plantearme si realmente a donde conducía el asunto era a Ciencia y luego de ahí puedes seguir saltando hasta donde quieras. Pero no, he encontrado una entrada que no pasa por “ciencia”, y llega en sólo tres saltos a “Filosofía”: “MISS UNIVERSO”.

Me ha parecido muy bonito que para llegar de “Ciencia” a “Filosofía” tenga que pasar de alguna manera por “Arte” o “Artista”

En cualquier caso un experimento muy curioso que deja a John Toshack muy lejos de la filosofía :D

25 Ene

Sugar-free january, S01E02

En episodios anteriores…

ffffwwwoss…
-No comas ese pan! podría tener azúcar!

fwoollllsss
-En serio te vas a pinchar esa palmera de chocolate delante de mí?

fwloaooss
-Me compraré unos cacahuetes de la máquina… un momento… también… tienen…NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Semana 2
La semana 2 de mi mes sin azúcar ha transcurrido bastante bien. Entre semana no he echado en falta nada, y comer sin pan no ha sido un problema como lo fue la semana anterior. Las cenas son un poco más ligeras (aunque ahora como queso, que no es que ayude), y a pesar de haber pasado por una situación de gran estrés el jueves, llevo ya dos semanas durmiendo del tirón todos los días (algo poco habitual en mí).

U uuu pan azúcar at last!

U uuu pan azúcar at last!

Descubrí en el BM un pan que no llevaba azúcar, y en la máquina del curro unos maíces que tampoco llevan (ni azúcar ni dextrosa o similares, que vienen a cumplir la misma función). Éstos solo tienen abundancia de sal, a la que habría que dedicarle otro mes. Del pan ese comí un día y los maíces otro día que se me olvidó el plátano. He comprado también nueces y cacahuetes con cáscara, sin procesar (que son super baratos y ricos) y las nueces menos, pero los cacahuetes me están ayudando a salir del paso en los momentos de vicio.

El 5'ribonucleico de disodio era un poco inquietante, pero azcúcar no es.

El “5’ribonucleótidos de disodio” era un poco inquietante, pero azcúcar no es.

Hablando de esos momentos, el fin de semana ha sido el único momento en el que lo he notado. Estoy de mudanza y el viernes me pegué una buena paliza a bajar cajas y trastos de mi quinto sin ascensor (por cierto sin notar flaqueo de fuerzas en ningún momento a pesar de subir los 5 pisos unas 15 o 20 veces, casi todas corriendo). Pero cuando llegué a casa por la noche necesitaba TOXINA. El cuerpo me pedía una pizza o una hamburguesa o algo muy gordo, que en otro caso me habría metido sin dudar. De hecho, descartadas las pizzas, que por el tomate y masa están fuera, las hamburguesas en realidad pueden estar dentro, el problema es el pan. Estuve un rato buscando en just-eat algún sitio que me mandara algo gordo a casa y que no tuviera posibilidades de tener azúcar. Al final me rayé y cené lo de siempre: fruta, pan de serrín, algo de queso y dos ensaladas, una normal y otra de espárragos (las pongo por separado porque me gustan con dos niveles de vinagre). El sábado me pasó algo parecido. Después de una semana sin tener ningún tipo de apetito de algo explícitamente dulce, al levantarme el sábado quería un colacao con galletas. Lo necesitaba. Es algo que sólo tomo de vez en cuando, ya que mi “receta” del colacao es media taza de colacao y media de leche, así que me queda espesito (y muy muy gordo), aparte de incitar mi apetito de galletas, pudiendo llegar a terminarme un paquete entero. Me costó bastante negármelo, pero al final pude. A la hora de comer lo mismo, acabé de comer y tenía un ansia brutal de comer chocolate. Me sorprendí negociando conmigo mismo (este finde he estado solo en casa) “Bah, por comer unas onzas ahora no arruinas el mes sin azúcar y te quitas el ansia”. Al final ataqué a los cacahuetes y más o menos aplaqué el ansia, pero fue una de las más intensas desde que he empezado el rollo este. El domingo hice otra sesión de bajar cajas bastante intensa, pero como hice una comida contundente (un guiso de costillas), no me quedé con ganas y de hecho casi no cené.

Volviendo a la normalidad, el lunes ya no he echado en falta NADA ni el pan ni el postre dulce.

Creo que la cosa va por buen camino, y lo mismo cuando pase el mes me he quitado el pan de los vicios, y el azúcar del té, que ya me está empezando a gustar sin nada.

En materia de peso, que como ya dije no es la cuestión central, pero en todo caso está bien controlarlo, mi báscula (que no chuta muy bien), me ha dicho esta mañana que estoy en los 75.8, frente a los 79.2 de la semana pasada. Me extraña infinito haber perdido 3.4 kilos en una semana, no me fío de la báscula, pero en cualquier caso creo que sí podría decirse que hay una tendencia a bajar. Veremos la semana que viene.

23 Ene

Calabacín en Caledonia, capítulo 5: Puñalfall

La amanecida en las mullidas camas del Skyewalker fue agradable, pero teníamos que irnos pintando, ya que teníamos que coger un ferry en Armadale, una minúscula localidad costera al sur de Skye, para cruzar a la “mainland” escocesa. No coger ferry habría implicado volver por donde entramos a Skye, y tardar casi 3 horas en llegar al norte de la mainland. El ferry nos dejaba en 30 minutos en una zona bastante más al sur, aunque íbamos a tardar más de una hora en llegar a Armadale. La idea era llegar por la tarde al parque nacional Trossachs, donde dormiríamos. Pero por el camino teníamos algunas paradas destacadas.

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Después del desayuno en una cafetería junto al ferry de Armadale, la única del pueblo probablemente, y que debía su negocio a los pasajeros, paramos en un súper en Mallaig, ya en la mainland, para continuar por la enrevesada carretera que iba rodeando fiordos. Paramos en Glenfinnan, una localidad al norte del lago Shiel, que acogió uno de los levantamientos jacobitas del siglo 17 y hay una estatua y un museo conmemorativo y blablabla…

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Pero donde iban todos a hacerse fotos era al viaducto, un tramo elevado de vía que pasa entre dos colinas y que es famoso por salir en Harry Potter. El pueblico era muy bonito pero no tenía mucho que ver tampoco.

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Así que seguimos hacia nuestra siguiente parada Fort William, una destacada localidad a las faldas del Ben Nevis, el monte más alto de Escocia, y como no podía ser de otra manera, estaba llena de tiendas de ropa de montaña (además de las ya clásicas tiendas de whisky). Dimos un garbeo viendo las tiendas, pero como ya era casi medio día no tardamos en buscar a un restaurante a pincharnos una hamburguesa, que entró bastante bien. Salimos de allí decididos a comernos un helado, pero al entrar en la heladería más cercana vimos que no había helado de chocolate. Iñigoch estaba indignadísimo. Era inconcebible, una heladería sin helado de chocolate! Hasta ahí podíamos llegar! Salimos de inmediato a la búsqueda de otra heladería, para encontrarla sorprendentemente rápido y descubrir que aquí tampoco había helado de chocolate. Pero qué les pasa a los escoceses? No era aceptable, así que salimos a buscar otra heladería, y en la misma calle encontramos otra. En esta… tampoco había helado de chocolate. Los ojos de Iñigoch estaban saliéndose de las órbitas, mientras Unaigh sufría por su ansia de helado, ya que a él le daba igual el chocolate pero quería comprarlo ya. Tentando a la suerte, ya que en un pueblo tan pequeño no era de esperar que hubiera muchas más heladerías, salimos de nuevo a buscar una cuarta heladería. Y la encontramos. Y tampoco tenían helado de chocolate. Sabíamos que era improbable que encontráramos una quinta, así que al final Iñigoch cedió y se compró un helado de coco. Si el diccionario necesitara una imagen para ilustrar la definición de “decepción”, una de las más fieles podría haber sido la cara de Iñigoch en ese momento. Se estaba comiendo el pedazo de materia fría más insípida de su vida.

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Después de la deslavada experiencia láctea salimos hacia el sur. Íbamos a Crianlarich, nuestro siguiente alojamiento, perdido de la mano de dios en medio del parque natural de Trossachs (casi como John Benjamin). El sitio de nombre casi impronunciable, especialmente si uno quiere pronunciarlo con acento escocés (abriendo mucho la boca y poniendo el acento en la penúltima sílaba), estaba a unas dos horas de Fort William. Pero por el caminó teníamos algunos highlights.

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En primer lugar paramos en el valle de Glencoe, unas suaves y verdes laderas rodeadas de picos que recordaban a los paisajes más llamativos de Noruega. Allí, tras las fotos de rigor hicimos un mini-trekking (de 20 minutos) que rodeaba una pequeña colina pasando por un bosque. Allí Unaigh no perdió su oportunidad de apuñalar el pulmón de Iñigoch con un palo afilado. El paseo estuvo bien, y tuvimos la oportunidad de ver a unos gordos escoceses meterse vestidos en un río cercano y perder pie porque el río era mucho más profundo de lo que esperaban, y proporcionarnos unos minutos de angustioso espectáculo hasta que consiguieron volver a salir.

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Seguimos por el suave valle del río Coe (un glen es un valle alargado y profundo dejado por un glaciar o por un río, de ahí Glencoe), para visitar The meeting of the three waters, el encuentro de tres aguas, que en realidad es de dos, para dar lugar a una tercera, el río Coe. Allí hay unas bonitas cascadas a las que uno puede trepar y hacer el mono.

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Desde allí nos metimos en un camino de cabras con un ancho en ocasiones inferior al del coche, por el que tras un buen rato en segunda llegamos a uno de los highlights del día: el mítico lugar de la foto de Skyfall donde James Bond está junto a su Aston Martin DB5 y mira al horizonte de las highlands. Encontramos el punto exacto de la foto y como buenos mitómanos (aunque la peli era un poco castaña), nos hicimos una sesión de fotos, amenizada una vez más por los mosquitos infernales psicópatas que había en un charquito justo al lado de donde había que situar la cámara para conseguir el ángulo original.

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Es un Kia Rio en vez de un Aston Martin, pero por lo demás, resulta difícil distinguir esta foto de la oringal :D

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Iñigoch parecía que iba a desenfundar en cualquier momento

El resultado no estuvo mal pero un lanzallamas nos habría facilitado las cosas. En cualquier caso, después de 200 fotos, seguimos la carretera para aprovechar el increíble paisaje de este valle en pleno atardecer.

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Después de unas cuantas fotos y un paseo por el valle, arrancamos hacia Crianlarich, donde llegamos al anochecer. El pueblo, por llamarlo de alguna manera, tenía unas 10 casas, un hotel! y algún que otro comercio, todos cerrados. Nos dimos una vuelta por el pueblo, descubriendo que no había mucho que ver. Estábamos en un entorno natural impactante, pero sólo podíamos acceder a él en coche, ya que no había acera ni pistas. El albergue (un youth hostel international), estaba en medio de un bosquecito, aislado del resto del pueblo (y del mundo, no había cobertura de móvil, ni internet, bueno internet había una conexión que no funcionaba). El tipo que lo atendía era un señor de avanzada edad que por un lado no se enteraba de nada y por otro se la traía todo al pairo (excepto que hiciéramos mal uso de las instalaciones, algo con lo que nos insistió abundantemente). Tardamos 20 minutos en pagar porque el señor no se aclaraba con el TPV, metió mal la tarjeta, le dijo a Unaigh que su tarjeta estaba mal, y al final tuvimos que pagar en metálico. Para cenar nos ofreció bebidas que tenía en su cabinita donde estaba la recepción, y le comentamos que cuando fuéramos a cenar se las pedíamos. Pues bien, cuando un rato después fuimos a cenar, el tipo se estaba hincando un sandwich en el restaurante del hostel, y le dijimos que a ver si podía sacarnos las botellas. Nos dijo que tenía que terminar de cenar, para lo cual se tomó sus buenos 25 minutos (era un condenado sandwich y estaba empezado cuando llegamos!!), minutos que estuvimos sentados en la mesa esperando a tener las bebidas y mirándole de vez en cuando, el tipo haciéndose el sueco. Pero además cuando por fin nos atendió con gesto de “a qué vienen estas prisas, me estáis agobiando”, tardó otros 10 minutos en sacarnos las dos botellas de cerveza de su cuartucho y 5 más en hacer la suma de lo que costaban para cobrarnos. No era un tipo con mucha entrega. Pero sí era el primer tipo con el que nos cruzamos que tenía un cerrado acento escocés, lo que dificultaba todo más, ya que no entendíamos nada.
Después de cenar estuvimos enredando un poco por el hostel, viendo la tele con los que aparentemente eran los únicos otros clientes del hostel aquella noche, y al final nos fuimos al sobre.

17 Ene

Sugar-free January

Este mes (del 9 de enero al 9 de febrero) me he propuesto no comer nada que lleve azúcar añadido. Todo empezó cuando hablaron del nuevo impuesto a las bebidas azucaradas y oí a varios expertos en diferentes medios hablar de lo innecesario que es el azúcar en las cantidades que lo ingerimos normalmente, y de una necesidad creada y blablabla. Oyendo aquello, me propuse estar un mes sin comer ni beber absolutamente nada que llevara azúcar añadido, y que toda la glucosa que entrara en mi cuerpo, que por otra parte, uno no puede vivir sin nada de glucosa, entiendo, lo hiciera a partir de “fuentes naturales”, básicamente de fruta y ocasionalmente miel. Me puse a indagar por internet si esto podría tener algún tipo de riesgo, por si acaso, y lo que descubrí es que esto de estar un mes sin azúcar es una especie de moda, que intenta seguir un montón de gente, aunque no todos lo consiguen. Lejos de ser arriesgado, varios médicos lo recomiendan, e incluso dan pautas para conseguirlo.

Al margen de los alarmismos del tipo “el azúcar mata”, que entiendo que aplica  a quienes se meten 2 litros de coca cola al día, pero no a los que consumimos azúcar moderadamente, el punto es que mi interés sobre esta cuestión está sobre todo centrado en saber cómo de difícil es comer sin azúcar (encontrar comidas, comer fuera de casa..) y si iba a experimentar alguna especie de mono o algo así, ya que es fácil encontrar opiniones del tipo “esto es como una droga”. Me han preguntado varias personas si hago esto para adelgazar, y no, si después de un mes voy a seguir comiendo normal, por mucho que adelgace, en caso de que lo haga, no creo que sea muy práctico buscar eso. Otra cuestión interesante que me ha surgido al leer el artículo es que hay gente que consigue acabar el mes y al volver a tomar azúcar hay algunos alimentos que no les gustan, por ejemplo embutidos (para los que el azúcar se usa como conservante, y parece que no notamos su sabor hasta que nos hemos desacostumbrado al dulce). Así que, en pos de satisfacer mi curiosidad, me puse al tema, y tras mi primera semana voy a poner algunas de las impresiones. Mi propósito, ya que tengo algo abandonado el blog, es poner las evoluciones cada semana, aunque creo que una vez me acostumbre no voy a tener mucho que contar.

Día 0: haciendo la compra para mis nuevas comidas, y descubriendo algunos horribles secretos

Un par de días antes de empezar fui a la compra para reemplazar todo el dulce “obligatorio” que como, que básicamente se reduce al pan (sí el maldito pan lleva azúcar), y las galletas del desayuno. Tengo que decir aquí que quitando el chocolate, que como con auténtico vicio, no soy especialmente goloso, ni bebo bebidas azucaradas, ni echo más de media cucharada al té, así que pensaba que iba a ser una cuestión relativamente fácil. A parte de las galletas que como por comer algo sólido por las mañanas en poco tiempo, y el pan, que siempre apetece, cualquier otra cosa dulce en principio no iba a reemplazarla, si no simplemente a quitarla.

Antes desayunaba un té con 6 galletas chiquilín, que no van escasas de azúcar. Mi reemplazo es un té sin azúcar y un yogur blanco mezclado con copos de cereales. Encontré una marca dietética de copos en Eroski que no llevaban azúcar, porque los cereales de desayuno llevan todos. El pan fue mucho más complicado, como no me voy a recorrer 10 calles cada día para ir a alguna panadería chachi que tenga pan especial, busqué unos biscotes, pero lo único que encontré fueron unos que no tienen azúcar ni sal. Me costó tanto encontrarlos que cuando probé su sabor a auténtico serrín tampoco le di mucha importancia.

Biscotes Sannia, prácticamente no llevan ni comida. Pero azúcar sí

Biscotes Sannia, prácticamente no llevan ni comida. Pero azúcar sí

 

Contiene azúcares naturalmente presentes, pero no le han añadido azúcar! Éste es el mío!

Contiene azúcares naturalmente presentes, pero no le han añadido azúcar! Éste es el mío! (lo del abrefácil es irrelevante porque me he comido los dos paquetes de biscotes en 4 días)

Las comidas son lo menos importantes ya que rara vez como algo dulce salvo el chocolate del final, del que hablaré luego. Para los pintxos de media mañana del curro el plan era llevar fruta. Mucha fruta. Y mis cenas se componen habitualmente de ensalada (OK!), fruta (OK!) un yogur blanco (OK!!) y algo de proteínas, generalmente algún tipo de pescado en conserva o jamón de pavo, queso, y mucho pan. Bueno ahí había que hacer alguna reforma. Pero no había problema, los reyes majos me habían traído un lomo y un chorizo que iban a reemplazar al azucarado jamón de pavo y tan contento.

no...

no…

 

NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Pero… no tardé en descubrir que mi lomo y mi chorizo… TAMBIÉN TENÍAN AZÚCAR!

Día 1: Empieza el reto

El primer desayuno a base de una especie de pasta de yogur y avena y el té sin azúcar fue horrible de sabor (o de sinsabor), pero me quedé bien.

Hello darkness, my old friend

Hello darkness, my old friend

Bien es cierto que no soy de desayunar muy fuerte. Como era el primer día, estaba un poco demasiado centrado en mi reacción, hasta el punto de que creo que yo mismo generé sensaciones que en otro caso no habrían estado, como un sabor metálico en la boca toda la mañana y una especie de ansiedad constante por comer. A media mañana, en vez de los clásicos emanems o la bolsa de patatas o la palmera de chocolate, me comí un plátano y una naranja, algo que de ordinario puede llenar bastante. La cosa es que como estaba con el ansia esa me quedé con la sensación de que me faltaba algo,  que yo percibía como hambre, aunque dudo de que lo fuera. La hora de la comida fue lo más difícil. Como comemos fuera, hay que elegir cuidadosamente lo que se pide, y aunque probablemente pedí lo que habría pedido en circunstancias normales, el hecho de tener algunos platos vetados (como por ejemplo la pasta con tomate, ya que el tomate lleva azúcar). Comí bastante, lentejas y pechugas, y de postre cuajada. Pero al no comer algo dulce para terminar me volví a quedar con esa sensación de que faltaba algo. Lo pasé mal mientras nos servían y esperábamos y todo el mundo estaba comiendo pan y yo estaba mirando. No soy de comer mucho pan durante la comida, pero mientras espero me puedo comer una barra entera. Una cosa interesante de esta especie de experimento es darme cuenta de la ansiedad con la que como a diario, que a parte de comer rápido (algo que todo el mundo me recrimina) me hace comer mucho pan, untar mucho y en general ponerme hasta las cartolas. Si esto sale bien supongo que una de las cosas que sacaré en claro será reducir ese ansia.

Para merendar comí un pedazo de chorizo palacios (el único que he encontrado que no tiene azúcar ni dextrosa ni otras -osas), con mi maravilloso pan de serrín. Después de la espartana merienda, salí a correr (algo que normalmente hago después de pincharme 8 onzas de chocolate), y la verdad es que aguanté bastante bien. Igual es que tampoco hace falta azúcar para correr los escasos 5 km que corro yo. Cené básicamente ensalada, un puré de calabaza que había sobrado por ahí y fruta, una cena que normalmente, simplemente por comer un poco de jamón me habría dejado más que lleno. Pero nuevamente me quedé con las ganas, como con un hambre insaciable.

 Una semana bastante normal

El resto de la semana pasó bastante normal, seguía experimentando esa especie de ansia después de comer cualquiera de las comidas (excepto el desayuno), como que faltaba algo, pero en cuanto me distraigo un poco se me olvida. Salvando todas las distancias, la situación me recuerda un poco a esas personas que fuman poco, sólo en contextos muy concretos (justo al desayunar, después de comer, cuando se toman una cerveza…) y lo intentan dejar, y les cuesta porque ya no es tanto un problema de lo adictivo que es el tabaco, si no de quitar un hábito que completa algunas de tus acciones. Supongo que el tabaco es más complicado porque lleva  sustancias para volverlo adictivo, pero la cuestión es que la supresión de la parte dulce de mi dieta parece una cuestión de hábitos. Es decir, los emanems de media mañana no los como porque tengo hambre, ni una demanda de azúcar, si no por que necesito comerlos. De hecho, pensándolo bien, cuando estoy de vacaciones, fuera de mi contexto habitual, no suelo tener esos hábitos y tampoco lo echo en falta.  Otra cosa diferente es la eliminación de las partes no-dulces de la dieta (pan, salsas, embutidos, …), algo que en el fondo, me está costando mucho más. Algún día me he visto echando mano del pan, pellizcando un pedazo y acercándomelo a la boca, para darme cuenta en ese momento, de que eso no podía comerlo,  ya que tan rápido como en 4 días, me he olvidado del sugar-free january, y no es algo a lo que le estoy dando vueltas todo el rato. Otro día lo pasé mal al ver los macarrones con tomate en el menú y no poder pedirlos. A cambio me comí tres platos de lentejas. Los días que voy a la uni, que no me llevo fruta, mientras todos comen palmeras y cosas gordas, yo me saco un té. El segundo día me saqué un pintxo de tortilla, pero le quité el pan y el jamón, así que se quedó un poco deslavado.

Tortilla de la uni, sin pan.

Tortilla de la uni, sin pan.

 

Vamos a completar la tortilla de la uni con unos frutos secos de la máquina.... Ah.. maltodextrina... alguien quiere cacahuetes con azúcar?

Vamos a completar la tortilla de la uni con unos frutos secos de la máquina…. Ah.. maltodextrina, vieja amiga… alguien quiere cacahuetes con azúcar de maíz?

A nivel de “adicción”, creo que nunca he sido adicto a nada, así que tampoco sé qué significa experimentar un síndrome de abstinencia, pero dudo muchísimo que dejar el azúcar me haya producido algo ni remotamente similar.  Me encuentro bastante bien físicamente, de buen humor (incluso mejor que antes), estoy durmiendo mejor que las dos últimas semanas (aunque dudo que pueda achacarlo a mi dieta) y no he percibido ningún cambio salvo esa ansiedad durante y después de las comidas.

En general, puedo decir que lo más complicado de este asunto para mí (que nunca  he hecho una dieta, ni creo que vuelva a hacerla a menos que me obliguen), es la consciencia de tener algo vetado, incluso cuando se trata de algo que no habría elegido comer; y por otro lado (y esto no sé si es un poco TOC) la sensación de que una comida no ha acabado hasta que me como algo dulce, de que falta algo para cerrar la acción de comer, de la que puedo acabar muy lleno, pero no saciado.

Siendo esto así, me he metido esta semana un par de comidas bastante excesivas, intentando llenarme y esto que todo el mundo me dice que a ver si hago lo del azúcar para perder peso, se está viniendo abajo. El lunes pasado, después de la navidad y sendas comidas copiosas el viernes y domingo anteriores, pesaba 78 kilos. Hoy por la mañana pesaba 79. Mi báscula no es muy de fiar, pero creo que al estar experimentando ese ansia, estoy comiendo más que antes, así que no sé si éste es un buen camino para perder peso. Si acaso para otras cosas.  Veremos en tres semanas.

11 Ene

Calabacín en Caledonia, capítulo 4: Un dram de whisky y una puñalada en el pulmón

Menos mal que íbamos a huir de aquellas caravanas de la muerte. Yo no había dormido tan mal, pero me consta que Iñigoch y Unaigh habían sufrido ronquidos del tipo gigante que el día anterior se había sentado en el sofá ocupando dos plazas y media. Además, las caravanas tenían goteras y el hostel tampoco era el sitio más acogedor que habíamos visitado en nuestros viajes…

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La isla de Skye es grande, pero en un día en coche se pueden visitar todos sus highlights, siempre que no esperes subir a los montes Cuillin, extremadamente llamativos, pero que te pueden llevar 3 horas la ida y vuelta. Así que como íbamos justos de tiempo decidimos verlos desde abajo, ya que por la tarde teníamos visita a una destilería de whisky.dscf5818

En primer lugar fuimos a Portree, un pequeño, pero masificado pueblo pesquero que reunía bastante parte de la pesca de las Hébridas interiores, y en el que, al ser domingo, no pudimos ver nada, ya que sólo estaban abiertas las panaderías. Dimos una vuelta en todo caso, que en seguida se acabó, ya que el puerto era muy pequeño.

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Después de aquello arrancamos hacia los acantilados de Kilt Rock, unos escarpados barrancos rodeados de ocasionales farallones que se alzaban cerca de Staffin. Las vistas estaban muy bien, aunque probablemente fueran mejores desde fuera de la isla. dscf5824 dscf5827 dscf5830 dscf5836

Además, los viewpoints estaban plagados de mosquitos que se te pegaban y se metían en todas las cavidades. Eran mosquitos zeros como los de Nepal, pero mucho más pequeñitos. Aun sabiendo que iban a morir aplastados se lanzaban contra ti, y Unaigh descubrió dos días después que tenía la pierna llena de minúsculas picaduras. Así que se veía a los turistas que iban llegando acercarse a la barandilla del viewpoint y durar 30 segundos, hasta que salían disparados hacia el coche de nuevo.

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Seguimos nuestra trayectoria por pueblos tan exóticos como Brogaig, Flodigarry, Kilmaluag, Balgown, o Feorlig,  pensando que los antiguos escoceses vivían permanentemente con espinas de pescado atascadas en la garganta. Finalmente llegamos hacia la hora de la comida a Carbost,  habiendo rodeado toda la isla. Carbost se sitúa junto a un espectacular fiordo y se caracteriza fundamentalmente por ser la ciudad donde se encuentra la destilería de Talisker, que íbamos a visitar esa misma tarde. Según bajamos del coche se percibía ese delicioso olor a establo de la malta de cebada que lo impregnaba todo. Nos metimos en el primer bar que encontramos, esperando poder comer algo. Y vaya algo, tras ver el menú, decidimos que ÉSTE era el bar en el que por fin íbamos a probar el famoso haggis. El haggis es según te lo cuentan, una cerdada: vísceras variadas de oveja metidas en su estómago. Suena mal de narices, pero está delicioso.

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En realidad, se parece bastante a nuestra morcilla, que al final no deja de ser sangre de cerdo en su intestino. Pero claro, tiene truco, igual que la morcilla no es sólo sangre intestinada, el haggis no es solo pulmón estomagado. Tiene una fina mezcla de cebolla, avena, especias que hace que sea una comida muy rica (y calórica).  Tras mi plato de haggis con verduras y patatas , fuimos a todo correr a la destilería Talisker, para mí uno de los highlights del viaje, pues como muchos saben, soy un gran entusiasta de los whiskis escoceses (y de hecho mi mochila volvió llena de botellas).

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El proceso de destilación del whisky es aparentemente sencillo, pero tiene detalles muy clave como el agua, la madera, quemado y tiempo de envejecimiento, o el grado de tueste de la cebada para maltearla. Un escocés con acento imposible nos explicó todos esos detalles, la transformación del jarabe de malta en wort, el destilado de wort en wash, y en la última fase, el divertido pero importante concepto de angels’ share, la porción de los ángeles, que es básicamente lo que los ángeles se beben (lo que se evapora) de whisky cada año desde que es metido en las barricas, que hace que un whisky de muchos años no sólo sea preciado porque ha envejecido de forma extrema, si no por su escasez, ya que ha menguado progresivamente.  Al final de la visita hacen una cata donde te ofrecen Talisker Storm, en mi opinión uno de sus whiskis más vulgares, pero explican cómo beberlo, explican que es perfectamente lícito aguarlo (y bastante típico, dependiendo del tipo de whisky, ya que abre el sabor y el aroma) y que se degusta mejor con un vaso de agua para limpiar la boca y probar de nuevo cada sorbo como si fuera el primero. También nos contaban la diferencia entre single malt y blended, y es muy muy curiosa, ya que single malt significa que es un whisky procedente de una sola destilería, pero no de una barrica, como piensan algunos, ya que las barricas de una misma hornada se mezclan diversas veces entre ellas y con otras para igualar sabores y que no salga cada tanda con matices diferentes. Y un whisky blended lleva whisky de varias destilerías y no lleva años de envejecimiento, ya que no lo saben a ciencia cierta :D. Los whiskis signature, como el Talisker Storm, suelen ser blended, ya que buscan alguna cualidad específica en esa variedad concreta (como por ejemplo el Talisker 57, que tiene 57º de graduación alcohólica para representar que Carbost tiene latitud 57).

En fin, una grata experiencia en la destilería, tras la cual me hice socio del club Diageo de destilerías, que básicamente agrupa a prácticamente toda la producción de whisky escocés, y que te ponen sellitos cada vez que visitas una. Pero sobre todo, te dan un mapa de sabor, y grado de ahumamiento de todos sus whiskis, algo muy práctico cuando quieres comprar alguno.

DEspués de la destilería nos quedaba una pequeña porción de tarde, que dedicamos a ir a las Fairy Pools, una serie de cascadas suaves con pocitas en una larga ladera escocesa.

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Las fairy pools eran muy bonitas, pero lo más llamativo es que el agua estaba helada, pero estaban llenas de escoceses (y otros) echándose baños.

DEspués de las pocillas, estaba a punto de anochecer, así que tiramos para el Skyewalker hostel, el hostel más en medio de la nada en el que he estado (si quitamos Ósar, en Islandia, y el putiantro del camino de la muerte en Nepal), que no tenía conexión a internet, ni de teléfono, ni naada de nada, pero era agradable, acogedor, bonito, y había un montón de gente que al no tener internet ni teléfono estaban por allí danzando y tocando instrumentos raros y de alguna manera te empujaba a relacionarte.  Y más aún, tenía fuera una especie de iglú transparente con sofás donde la gente iba a echar unas cervezas y ver el cielo (aunque también había una china viendo una telenovela china mientras hacía una especie de contorsionismo). Skyewalker era uno de esos hostels de los que te da pena irte. Pero bueno, al día siguiente habría más.

 

12 Nov

Calabacín en Caledonia, capítulo 3: El puñal del lago Ness

Salimos prontito de Inverness hacia el sur para ver al monstruo del Lago Ness, que parece que le gusta salir por las mañanas. Aunque habíamos visto algún montruo más llamativo (ocupando él solo, sentado, un sofá de tres plazas) en el hostel de Inverness. Había mucha más gente peculiar, como un señor muy mayor al que habíamos visto varias veces a varias horas y siempre estaba vestido con traje, descalzo, y comiendo cosas muy raras. Pero en fin, Nessy llamaba, y nos piramos de aquel sitio.

dscf5748El lago Ness, per se, es un poco decepcionante. Es un lago sin más, largo, pero que no tiene un gran paisaje, ni una quietud llamativa, ni un monstruo. Cualquier lago cutreibol de los Alpes es mucho más chachi. Pero lo que no tienen en los Alpes es una historia de conflictos, guerras entre clanes, guerras con los malditos ingleses y tradición militar exaltada (bueno eso igual sí). Otra de las guerras que surgió en el Lago Ness fue la guerra de la puñalada en el pulmón, de la que se verán algunas referencias de poca importancia en esta narración. Surgió cuando Unaigh amenazó con apuñalar el pulmón de Iñigoch, y la escalada de amenazas mutuas fue creciendo insosteniblemente a lo largo del viaje. (“Iñi, que te apuñalo el pulmón” – “unai, que te perforo la pleura!”)

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Así que después de parar en un par de vista points que supuestamente iban a estar concurridísimos y por eso habíamos salido tan pronto, y en los que finalmente no había ni claus, tiramos un poco más al sur hacia el Urquhart Castle, una fortificación en ruinas a orillas del lago que ofrece unas vistas bastante impresionantes, y a la que fuimos prontísimo para que no estuviera muy lleno de turistas. Fuimos tan pronto que no habían abierto, ya que formaba parte de un recinto cerrado y de pago claro.

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Ya dentro se podía ver un trabuquete aún bien conservado y las pelotas de piedra que usaban para reventar castillos como ese, y las ruinas que quedaban, que estaban medio conservadas. Era una visita similar a las del día anterior, pero sin habitaciones de duques ni cocinas llenas de pucheros de cobre. Aquí sólo quedaban piedras. dscf5762 dscf5766 dscf5771

Unas piedras bonitas, though, con buenas vistas del lago y de la pedazo de nube de lluvia que venía desde el norte dispuesta a calarnos.
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Y así fue, la nube llegó, y nos caló a nosotros y a otro montón de turistas que tiramos a todo correr hacia el centro de interpretación, donde tenían un minicine y nos metimos a ver un vídeo de 15 minutos sobre el castillo en el que además de la historia, una vez más sembrada de guerras con los ingleses y cambios de manos, te contaban de nuevo el glorioso pasado militar de los escoceses, con sus clanes y sus blablabla. Uno empieza a darse cuenta de por qué los escoceses forman una de las alas del ejército británico más temibles.

Al salir de allí tiramos hacia Fort Augustus, que contra lo que parecía indicar su nombre, no era un fuerte, si no una pequeña ciudad. Entiendo que en algún momento habría sido un fuerte, pero en este momento era una turística población en el extremo sur del Lago Ness, y por la que pasaba el río Ness, que alimentaba el lago (y acababa atravesando Inverness). Lo más curioso de Fort Augustus, muy a pesar de sus embarcaderos y zona lacustre, era el llamativo sistema de cinco esclusas con las que barcos de buena dimensión podían bajar del río, que estaba elevado, al lago. Probablemente en algún momento aquí hubo una cascada, ya que el río discurre varios metros más alto que el lago; pero los fortaugustenses habían construido unas llamativas esclusas como las del canal de Panamá para pasar barcos, y pudimos verlas funcionar y como lujosos veleros empezaban con los camarotes a la altura de nuestra nariz y de pronto se hundían para poder pasar hacia la siguiente esclusa.dscf5779

Después de comer en un garito infecto (toda la comida era bastante británica por todas partes, por lo que para un día que no comíamos jamón…) salimos hacia la isla de Skye, donde pasaríamos los siguientes días.

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Pero antes pararíamos en el castillo que salía en la peli de la Trampa y también en el mundo nunca es suficiente, donde el Mi6 tenía su “base escocesa” o qué se yo. Pelis de Bond con Brosnan, esa aberración. Se trataba del castillo de Eilean Donan, y estaba emplazado a orillas de un profundo fiordo por el que se podría navegar hacia el Atlántico y las Hébridas. Este castillo es básicamente como los anteriores que vimos, pero mucho más espectacular, no sólo por dónde está ubicado, si no por cómo está decorado, por las estancias que se pueden visitar, que son más y  con más funciones (entre ellas salas de planificación militar), con pasadizos, y agujeros en paredes que permiten espiar reuniones en salas aledañas; además, en él tuvieron lugar muchas reuniones militares entre clanes que están de alguna manera representadas y son muy llamativas. Sin duda uno de los castillos más espectaculares que visitamos en todo el viaje.dscf5792

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Cuando salimos de Eilean Donan tiramos hacia Skye, que estaba a tiro de piedra, y sólo nos suponía cruzar un curioso puente muy empinado que une la isla con lo que ellos llaman “main land”, que no es otra cosa que otra isla más gorda, aunque eso de main land suene a continente.

Allí nos alojamos en un hostel con “encanto” en el pueblo de Kyleakin.  Dormir en Skye es como norma general muyyyyy caro. No hay muchos alojamientos, pero sí que hay mucha demanda, así que los precios se disparan. Nosotros sin embargo, habíamos encontrado un hostel por 10 euros la noche cada uno o algo así. Encima en un momento en el que llegábamos tarde y estaba prácticamente todo reservado. Cuando llegamos al hostel supimos por qué era tan barato. Nuestro maravilloso hostel era una casita cerca del mar, que no tenía mucho espacio, pero sí tenía muchísimos huéspedes. Tanto era así, que nosotros no íbamos a dormir “en” el hostel si no “junto” a él. Resulta que en el jardín posterior había unas antiguas caravanas que habían reconvertido en barracones y ambientado en star-trek y otros motivos absurdos. En cada barracón había 12 camas. Pero nosotros que éramos tres no cabíamos en uno, así que nos separaron. A mí me toco irme solo al de star trek, que estaba poblado únicamente por chicas alemanas. Era “peor” porque me tocaba irme solo, pero luego descubrimos que en el de Iñigoch y Unaigh había goteras (y gente peculiar cuando menos)2016-08-13-18-24-44

Para qué decorarlo, éste tal cual.

Para qué decorarlo, éste tal cual.

Las duchas eran bastante mofa también, aunque al menos podíamos usar las del interior del edificio. La recepcionista era una chica curiosamente de Bilbao, que fue bastante maja y nos dio algunas pautas para la noche.+

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Maravilloso barracón con goteras y un calentador enchufado de mala manera a un cable en medio de la habitación

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Duchas, bastante “rurales”

No había mucho que hacer allí, así que nos fuimos a dar un garbeo por Kyleakin, que por otra parte era un micropueblo pesquero que no tenía nada que ver, salvo los barcos pintados con motivos pro-independencia de Escocia, algo que no habíamos visto en ningún sitio hasta aquí.

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Llegó un punto en que se puso a llover y nos dimos la vuelta para cenar en el hostel. Estaba tan petao y había tan pocos sitios para sentarse (además de que un grupo de alemanas bastante numeroso, y un español que les metía fichas llevaban sentados en la misma mesa jugando a un juego absurdo desde que habíamos llegado, y no dejaban a la gente sentarse a cenar), que tuvimos que cenar de pie en una esquina de la cocina. Desde luego no era el más acogedor de los hostels en los que he estado. Aunque los recuerdo peores…

Después de cenar fuimos al único garito del pueblo, una especie de restaurante-bar muy americano (me recordó al de True Blood, pero sin el encanto sureño) que tenía música en directo,  y muchos turistas dándolo todo. Nos echamos unas buenas pintas allí, y ya más entrada la noche, nos fuimos al barracón.

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